Una conocida vecina de Realicó fue víctima ayer por la tarde de una sofisticada estafa telefónica. Los delincuentes se comunicaron con ella haciéndose pasar por operadores de ANSES y, a lo largo de una conversación que se extendió por horas, lograron obtener sus datos personales, fotografías de su documento de identidad y los datos de su tarjeta de débito.
El engaño comenzó con un llamado de un hombre que se identificó como agente de ANSES y le dijo que necesitaba renovar su información jubilatoria. Con esa excusa, fue requiriéndole datos personales en forma gradual y paciente. La comunicación no fue continua: los estafadores cortaban y volvían a llamar, una táctica deliberada para mantener a la víctima en un estado de atención sostenida y evitar que pudiera reflexionar sobre lo que estaba ocurriendo.
La habilidad y el cinismo de los delincuentes fue tal que en un momento de la conversación había dos supuestos agentes dialogando simultáneamente con la mujer. En un descuido, uno de ellos dejó escapar una frase que en el momento no encendió ninguna alarma pero que luego resultó reveladora: "Esta nos va a tener toda la tarde acá". Una frase que desnuda la frialdad y el desprecio con que estos delincuentes operan sobre sus víctimas. 
A lo largo de la extensa comunicación, los estafadores lograron que la mujer les proporcionara datos de su DNI, fotografías del documento físico y, finalmente, los datos de su tarjeta del Banco Pampa. Afortunadamente, la víctima no había cobrado aún y solo contaba con unos cinco mil pesos en su cuenta, lo que limitaba el daño económico directo.
Fue recién en las horas de la noche, al repasar mentalmente la conversación y el tono de los llamados, que la mujer cayó en la cuenta de que había sido engañada. De inmediato llamó a su hija, quien reaccionó con rapidez: contactó al banco, bloqueó la cuenta y dio de baja la tarjeta antes de que pudieran concretarse movimientos fraudulentos.
Hoy, la propia damnificada se comunicó con la redacción de Infotec 4.0 para contar su experiencia y pedir que se difunda, con la esperanza de que ningún otro adulto mayor de la comunidad pase por lo mismo.
Un problema que no tiene fin... y que viene de adentro
Lo que le ocurrió a esta vecina de Realicó no es un caso aislado. Es un eslabón más de una cadena de estafas telefónicas que afecta a adultos mayores en toda la región y el país, y que parece no tener freno. Lo más indignante del asunto es que en la gran mayoría de los casos estas maniobras son perpetradas desde el interior de las cárceles argentinas, por delincuentes que cumplen condena pero que paradójicamente cuentan con teléfonos celulares y tecnología suficiente para delinquir cómodamente desde la prisión, burlando los controles del sistema penitenciario y la inacción de quienes tienen la responsabilidad de impedirlo.
El Estado mira para otro lado mientras los presos organizan verdaderas bandas de estafa desde sus celdas, con guiones elaborados, división de roles y una metodología que apunta sistemáticamente a los sectores más vulnerables de la sociedad: los adultos mayores, quienes muchas veces viven solos, confían en quien dice representar a un organismo oficial y no siempre cuentan con la red familiar inmediata para consultar ante la duda.
Cómo operan y cómo protegerse
El modus operandi de estas bandas sigue un patrón reconocible. Se presentan como agentes de ANSES, PAMI, bancos u organismos oficiales. Generan urgencia o necesidad de"actualizar datos". Realizan múltiples llamados para mantener a la víctima ocupada y desorientada. Solicitan información en forma gradual, comenzando por datos aparentemente inofensivos hasta llegar a claves, números de tarjeta o transferencias.
Ante cualquier llamado de este tipo, es fundamental tener en cuenta que ANSES, PAMI y los bancos nunca solicitan datos personales, claves ni fotografías de documentos por teléfono.
Ante la menor duda, se debe cortar la comunicación de inmediato y llamar al familiar de confianza más cercano. Si se sospecha haber sido víctima de una estafa, hay que contactar al banco de inmediato para bloquear cuentas y tarjetas, y luego realizar la denuncia correspondiente en la comisaría más cercana.
Difundir estos casos es también una forma de protección colectiva. Por eso agradecemos a la vecina de Realicó que se animó a contarnos su experiencia. La vergüenza no es de la víctima, sino de quienes la engañaron y del sistema que los deja operar sin consecuencias reales. https://infotecrealico.com.ar/
