Un río de voces desgastadas e incansables peregrinan hacia el Obelisco tras la victoria de la Argentina frente a la selección inglesa, que lleva al combinado albiceleste a la final de la Copa del Mundo. Con los pies en el aire, es certero decir que sobre la calle Bolívar nadie es inglés.
Las bocinas de los autos echan leña al fuego. Los quioscos cierran y los empleados se encaminan a la concentración en el ícono porteño, donde ya se dan cita cientos de hinchas. La Argentina derrotó 2-1 a Inglaterra en el Atlanta Stadium y ahora defenderá el título frente a España. Después de un partido muy disputado, el equipo de Lionel Scaloni reaccionó en el tramo final y revirtió el resultado en siete minutos, con un golazo de Enzo Fernández y un cabezazo de Lautaro Martínez en el tiempo adicionado.
En el microcentro, el eco de los gritos, los motores y la cumbia que retumba desde los pocos locales que permanecen abiertos. Los policías arrinconados sobre la Avenida de Mayo finge sobriedad. "Se sufre, se sufre con este partido. No podíamos perder, sobre todo con ellos [Inglaterra], pero ahora, a festejar tranquilos", advirtió Pablo, un agente de la Policía Federal que prefirió no dar su apellido.
Pero no solo el centro porteño vibra al son de los festejos. Los vecinos se movilizan también en los distintos barrios: Palermo, Belgrano, Villa Urquiza, Caballito y tantos más. "El que no salta es inglés, el que no grita es inglés", es el canto de todos, en una ciudad convertida en una fiesta.
La histórica remontada de la selección produjo una enorme alegría. "Enorme e inmensa la alegría que sentimos", afirmó desde Cabildo y Juramento Patricia Orilo, que es de Chubut y vivió el partido en Buenos Aires, donde tiene emprendimientos comerciales.
"Sabemos que tenemos una selección que vale oro, que tenemos los mejores jugadores y que tenemos el corazón metido en la selección, así que no había forma de perder este partido", reflexionó sobre el desenlace final del partido.
Sobre la connotación emocional e histórica del triunfo sobre Inglaterra, agregó: "Significa todo. No tengo palabras para describir lo que significa haberle ganado a Inglaterra. Increíble. No tenemos palabras de agradecimiento para todo lo que nos hace vivir esta selección. Increíbles los chicos".
En el punto de reunión de los vecinos de Villa Urquiza, la emblemática esquina de Triunvirato y Olazábal, hay banderas, y camisetas argentinas de todos los colores. La titular, la violeta del Mundial 2022, la del Diego del 94... Hasta los perros llevan la albiceleste. En dos cuadras a la redonda, no paran los bocinazos. Y se suman los cacerolazos.
Las familias caminan por las veredas directo al punto de encuentro. Los niños llevan vuvuzelas. Se abrazan, lloran. "Equipo campeón", grita un señor que corre a abrazarse con sus amigos en Mendoza y Ávalos. "Y ya lo ve y ya lo ve, el que no salta es un inglés", canta la multitud que avanza por Triunvirato que, para las 18.30, ya está cortada con un patrullero. Hay fuegos artificiales.
Se alterna con "Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar. Que de la mano de Leo Messi, toda la vuelta vamos a dar". Después llega el clásico. Es imposible dimensionar la cantidad de gente y la de banderas.
El festejo está en plena ebullición, 60 minutos después del pitazo final, en una Plaza Italia teñida de celeste y blanco. Los autos casi no pueden avanzar y el sonido de las bocinas se mezcla con aplausos y cantos que surgen de manera espontánea. Familias enteras caminan con la camiseta de la selección, chicos envueltos en banderas argentinas corren entre los canteros y los grupos de amigos son pura emoción y abrazos.
En los alrededores del Monumento a los Españoles, donde está el Fan Fest, decenas de personas se detienen para sacar fotos y grabar videos. Algunos se subieron a los bancos de la plaza para desplegar banderas, otros levantan a los más chicos sobre los hombros para que puedan ver por encima de la multitud. Entre las camisetas actuales aparecen varias reliquias, como la azul del Mundial de México '86.
Cada tanto, alguien empieza un canto y la escena cambia por unos segundos. El más repetido es "El que no salta es un inglés". Bastaban unas pocas voces para que decenas de personas se sumaran entre saltos, mientras los automovilistas respondían haciendo sonar la bocina. Algunos agitaban banderas desde los techos corredizos de los autos y otros se abrazaban con desconocidos como si se conocieran de toda la vida.
"Vine caminando desde mi casa, en Palermo. Sabía que acá iba a haber gente. Ganarle a Inglaterra siempre tiene algo distinto", dijo Martín Gutiérrez, de 36 años, que llevaba a su hijo de cinco sobre los hombros y una bandera argentina anudada al cuello. A unos metros, un grupo de amigos se abrazaba cada vez que alguien volvía a recordar una jugada decisiva del encuentro.
"Mi papá siempre me habló del partido del '86. Hoy me tocó vivir mi propio Inglaterra-Argentina y no podía quedarme en casa", contó Lucía Fernández, de 28 años, mientras intentaba registrar el momento con su celular.
"Vivo a seis cuadras y cuando escuché las bocinas bajé sin pensarlo. Estas son esas noches que después les contás a tus hijos o a tus nietos", dijo Javier Roldán, de 39 años, mientras esperaba a unos amigos junto al Monumento a los Españoles con una bandera argentina sobre los hombros.
"No conocía a nadie de los que estaban festejando, pero en un momento terminás abrazándote con cualquiera. Es la magia que tiene la Selección cuando juega estos partidos", contó Florencia Benítez, de 42 años, que había llegado desde Belgrano junto a su hermana para sumarse a la celebración.
"Le prometí a mi hijo que, si Argentina ganaba, lo iba a traer. Tiene ocho años y quería que viviera lo que yo viví de chico cuando salíamos a festejar a la calle", relató Diego Martínez, de 39 años, mientras el nene agitaba una bandera casi más grande que él.
"Vine con mis dos hijos porque quería que entendieran que esto va mucho más allá del fútbol. Hay partidos que forman parte de la historia de un país", afirmó Fernando Acosta, de 47 años, abrazado a los chicos, ambos con la camiseta albiceleste y la cara pintada de celeste y blanco.