"El gobierno de Trump y la comunidad internacional no se quedarán de brazos cruzados mientras la dictadura de (Rosario) Murillo y (Daniel) Ortega intensifica la represión interna y genera una inestabilidad que amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos".
Esa fue la advertencia que lanzó este martes Marco Rubio, el secretario de Estado de EE.UU., en un mensaje compartido en la red social X.
Se trata de la reacción a una comparecencia de Ortega el domingo, durante la cual el presidente nicaragüense dijo que no habrá más elecciones en Nicaragua.
"Que se olviden, aquí no volverá a haber elecciones", aseguró el mandatario durante un acto conmemorativo del 47 aniversario de la Revolución Sandinista celebrado el en Managua.
"No volverá a haber elecciones para que ellos (la oposición) intenten atrapar el gobierno, atrapar el poder", agregó Ortega, quien a sus 80 años preside Nicaragua junto a su esposa, Rosario Murillo.
Asimismo, anunció que la Asamblea Nacional, controlada por el oficialismo, aprobará leyes para "ponerles un muro, un bloque a los golpistas, a los vendepatria".
"Por mucha plata que les den los yanquis (Estados Unidos), no podrán", aseveró en un discurso que fue televisado en todo el país.
Para Rubio, jefe de la diplomacia estadounidense, esas declaraciones "demuestran su cobardía y su temor a la voluntad del pueblo nicaragüense".
Además, en un comunicado difundido por el Departamento de Estado, titulado "Una llamada a la acción", Rubio afirma que las palabras de Ortega durante el evento "dejan al descubierto la verdadera naturaleza autoritaria" del mandatario y su copresidenta.
"Han abandonado incluso la apariencia de contar con el consentimiento popular", subraya el texto.
Ya en junio Rubio describió a la "dictadura Murillo-Ortega" como "enemiga de la humanidad", al tiempo que EE.UU. restringía la vida para 100 funcionarios nicaragüenses tras la muerte del líder opositor Brooklyn Rivera.
Nicaragua debía celebrar elecciones presidenciales a finales de este 2026, pero el año pasado el oficialismo aprobó una cuestionada reforma constitucional que aplazó los comicios hasta 2027. Sin embargo, ahora las declaraciones de Ortega sugieren que incluso esa cita electoral podría no llegar a celebrarse.
El secretario de Estado estadounidense no ha sido el único en reaccionar al anuncio de Ortega de que ya no habrá comicios en el país centroamericano.
En la misma línea, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental (WOLA) pidió la colaboración internacional "para garantizar que en Nicaragua se respete el derecho a elecciones libres".
Asimismo, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) condenó las declaraciones del presidente nicaragüense, y aseguró que estas son "incompatibles con los principios de democracia representativa".
Mientras, para la oposición en Nicaragua, el mensaje del gobernante constituye la confirmación del fin de la democracia en su país.
"Ortega enterró la democracia nicaragüense hace ya mucho tiempo", declaró al diario The New York Times Félix Maradiaga, excandidato presidencial en 2021, quien fue arrestado, expulsado de la contienda y posteriormente exiliado a Estados Unidos en 2023.
"Esta es simplemente una expresión que demuestra de manera inequívoca cómo se le cayó la máscara de la supuesta legalidad que intentaba mantener", agregó.
En términos similares se pronunció el partido Renacer.
"El régimen deja de fingir que existe competencia política y confirma públicamente que desde hace años no gobierna por el consentimiento de los ciudadanos, sino por la fuerza", afirmó la formación, según reseñó la agencia española EFE.
Los observadores electorales internacionales han advertido durante años sobre comicios fraudulentos en Nicaragua.
Los más recientes, los de 2021, estuvieron marcados por la ausencia de candidatos con posibilidad de arrebatarle la presidencia a Ortega, tras la detención de los principales líderes opositores durante los meses previos.
El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se proclamó entonces ganador con el 75,92% del apoyo.
Aquello generó el rechazo de gran parte de la comunidad internacional y regional, EE.UU. llegando a calificar las elecciones de "pantomima".
Ortega rechazó en aquel momento los cuestionamientos internacionales que surgieron, según dijo, de quienes "siguen con sus prácticas colonialistas".
El líder nicaragüense ha dirigido los destinos del país centroamericano durante casi tres décadas, repartidas en dos etapas, y en los últimos años con Murillo como copresidenta oficial.
La primera etapa comenzó en julio de 1979, cuando la Revolución Sandinista derrocó la dictadura de Anastasio Somoza. Sin embargo, 11 años después perdió las elecciones presidenciales de 1990 frente a Violeta Barrios de Chamorro.
No obstante, en 2007 el exguerrillero regresó a la presidencia mediante las urnas y, desde entonces, se ha mantenido en el poder mediante lo que expertos y adversarios denuncian es una combinación de represión y reformas legales que, en la práctica, han sofocado a la disidencia y proscrito a los partidos de oposición.
A principios de 2025, el gobierno de Ortega impulsó una profunda reforma de la Constitución que, además de convertir a Murillo en copresidenta, amplió el período presidencial y eliminó los contrapesos institucionales.
Estos cambios fueron duramente criticados por las Naciones Unidas, la Organización de los Estados Americanos (OEA), Estados Unidos, el Parlamento Europeo y diversos sectores de la oposición nicaragüense.