Estudiar en una universidad de élite no garantiza mejores salarios, según estudio en Colombia

2026-10-26 15:38:16 - MUNDO

Obtener un título de una universidad de élite no garantiza las mismas oportunidades laborales para todos sus egresados. Aunque la formación académica y las calificaciones sean similares, el origen socioeconómico sigue marcando diferencias en el acceso al empleo y en las posibilidades de alcanzar los salarios más altos.

Esa es una de las conclusiones de Diplomas idénticos, salarios diferentes, una investigación del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (Cede) de la Universidad de los Andes, que analizó la trayectoria laboral de 4.675 graduados de una universidad privada de élite en Bogotá.

El estudio encontró que, un año después de graduarse, los egresados de estratos altos tenían mayores probabilidades de estar trabajando y de ubicarse en los segmentos de ingresos medio-altos y altos que sus compañeros de menores recursos.

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La diferencia persistía incluso al comparar personas con notas, facultades, género y otras características observables similares.

El hallazgo pone sobre la mesa una discusión sobre la movilidad social en Colombia: hasta qué punto la educación superior permite reducir las desigualdades cuando los estudiantes llegan a la universidad con condiciones económicas, familiares y educativas muy distintas.

La investigación aprovechó una circunstancia poco habitual en el sistema educativo colombiano. Durante la implementación de Ser Pilo Paga, miles de jóvenes de hogares de bajos ingresos ingresaron a instituciones acreditadas que tradicionalmente recibían una proporción menor de estudiantes de esos sectores.

El programa entregó 40.000 créditos condonables a estudiantes con resultados destacados en las pruebas Saber 11 y provenientes de hogares en condiciones de vulnerabilidad económica, de acuerdo con los criterios del Sisbén. En la universidad analizada, la participación de estudiantes de estratos bajos pasó de menos del 5% a cerca del 30% de las cohortes de ingreso.

Esa transformación permitió comparar egresados de distintos orígenes sociales que compartieron una misma institución, un escenario que, según los investigadores, es difícil de observar en un sistema educativo tan segmentado como el colombiano.

La diferencia no estaba en las calificaciones

La muestra incluyó a estudiantes que ingresaron entre 2015 y 2018 y se graduaron entre 2019 y 2023, después de cursar alguno de los 36 programas de pregrado distribuidos en 10 facultades. La información provino de la Encuesta Laboral de Egresados, aplicada un año después de terminar los estudios y con una tasa de respuesta cercana al 70%.

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Los investigadores clasificaron a los participantes en tres grupos socioeconómicos.El de menores ingresos reunió a 921 personas de estratos 1 y 2, incluidos beneficiarios de Ser Pilo Paga; el grupo medio estuvo integrado por 1.680 egresados de estratos 3 y 4, y el de mayores ingresos, por 2.074 graduados de estratos 5 y 6.

Las diferencias en sus antecedentes eran evidentes. Mientras el 46% de los egresados de menores recursos había estudiado en colegios privados, esa proporción alcanzaba el 99% entre los graduados de estratos altos. También había una brecha importante en la formación de sus madres: el 34% del grupo de bajos ingresos tenía una madre profesional, frente al 92% del grupo de mayores recursos.

Sin embargo, las diferencias en el desempeño universitario fueron reducidas.Los egresados de estratos altos obtuvieron un promedio de 4,08 sobre cinco, frente a 3,95 entre los de menores ingresos, una distancia de apenas 0,13 puntos.

Pese a esa cercanía en las calificaciones, los resultados laborales fueron distintos. Los graduados de mayores recursos presentaron mejores probabilidades de estar empleados y, entre quienes trabajaban, de alcanzar niveles de ingreso medio-altos y altos.

Para estimar esas diferencias, el estudio utilizó un modelo estadístico que permitió comparar egresados con características observables similares, incluidas sus notas, facultad, género y año de encuesta. Así, los investigadores buscaron establecer si la brecha persistía más allá de las diferencias académicas y de la elección de programas universitarios.

Uno de los resultados más destacados fue una razón de posibilidades cercana a 2,5 a favor de los egresados de estratos altos para alcanzar los segmentos salariales medio-altos y altos. Esta medida compara las posibilidades relativas de ubicarse en esos grupos de ingresos; no significa que los graduados de mayores recursos recibieran salarios 2,5 veces superiores.

El promedio académico también tuvo relevancia: mejores notas se asociaron con mayores probabilidades de estar empleado y de llegar al segmento de ingresos más alto. No obstante, el rendimiento no eliminó la diferencia vinculada con el origen socioeconómico.

El estudio no determinó una causa única para explicar las brechas. Sus autores señalaron que la información disponible no incluía variables como las redes de contactos, las habilidades sociales o los códigos culturales que pueden influir en la contratación.

A partir de investigaciones anteriores, plantearon varias explicaciones posibles. Una de ellas tiene que ver con la capacidad económica para buscar empleo: los graduados con menos respaldo familiar pueden verse presionados a aceptar rápidamente una oferta para responder por sus gastos, mientras que quienes cuentan con mayores recursos pueden prolongar la búsqueda y escoger entre más alternativas.

Otra hipótesis está relacionada con el dominio del inglés. Los estudiantes de hogares de mayores ingresos suelen tener más oportunidades de adquirir esa habilidad antes de ingresar a la universidad, una ventaja que puede influir en su acceso a compañías, cargos y sectores mejor remunerados.

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También están las redes profesionales y el capital cultural: los contactos que facilitan conocer vacantes, obtener recomendaciones o acceder a procesos de selección, así como el conocimiento de las prácticas y expectativas de determinados ambientes laborales. Los investigadores mencionaron, además, posibles sesgos de los empleadores hacia candidatos de colegios privados o con formas de hablar asociadas a sectores de mayores ingresos.

Los resultados no implican que estudiar en una universidad de alta calidad carezca de beneficios. Por el contrario, los autores reconocen que la educación superior puede mejorar las condiciones de vida de los estudiantes de menores recursos y de sus familias. La advertencia es que esas ganancias no necesariamente eliminan la distancia frente a quienes ya contaban con ventajas económicas y sociales.

La investigación también tiene límites: estudia una sola institución, utiliza ingresos autorreportados y no identifica salarios exactos, pues las respuestas se registraron por rangos. Por eso, sus conclusiones no pueden extrapolarse automáticamente a todas las universidades colombianas. Los autores plantean ampliar el análisis a otras instituciones y hacer seguimientos de mayor duración para establecer si las diferencias se reducen o se amplían con el tiempo.

Frente a este panorama, la recomendación es que las políticas de movilidad social no se concentren únicamente en facilitar el ingreso a universidades de calidad. También deberían acompañar a los estudiantes en la transición al mercado laboral, mediante formación en inglés, preparación para entrevistas y procesos de selección, mentorías, prácticas profesionales, conexiones con empleadores y apoyos económicos temporales durante la búsqueda de empleo.

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